¿Por qué me siento más ansioso en vacaciones? Hablamos de algunas razones y de cómo recuperar la calma
Las vacaciones suelen asociarse con descanso, desconexión y bienestar. Sin embargo, para muchas personas ocurre justo lo contrario: cuando por fin llega el momento de descansar, aparece una sensación de ansiedad, inquietud o incluso tristeza que no esperaban.
Si alguna vez has pensado: ¨No entiendo por qué estoy peor ahora que tengo vacaciones¨ quiero decirte algo importante: no eres la única persona a la que le ocurre.
Como psicóloga, cada verano atiendo a personas que llegan preocupadas porque sienten que deberían estar disfrutando, pero en realidad experimentan nerviosismo, insomnio, irritabilidad o una constante sensación de que ¨algo no va bien¨.
¿Es normal sentir ansiedad durante las vacaciones?
Sí. Aunque pueda resultar contradictorio, las vacaciones suponen un cambio importante en nuestra rutina y nuestro cerebro necesita adaptarse. Durante el año solemos funcionar en ¨piloto automático¨: trabajo, responsabilidades, horarios, obligaciones… Todo ello mantiene nuestra mente ocupada. Cuando esas obligaciones desaparecen de repente, aparecen el silencio, el tiempo libre y, muchas veces, pensamientos y emociones que durante meses habían quedado en un segundo plano. La ansiedad no aparece porque las vacaciones sean malas, sino porque dejan espacio para sentir aquello que durante el resto del año permanecía oculto.

Algunas razones por las que puedes sentir más ansiedad en vacaciones
1. Tu cuerpo tarda en salir del ¨;modo alerta¨
Si has vivido meses de estrés, tu sistema nervioso permanece activado incluso cuando desaparece la causa del estrés. Es como un coche que circula a gran velocidad: aunque levantes el pie del acelerador, necesita tiempo para frenar. Por eso muchas personas tardan varios días en empezar realmente a relajarse.
2. Tienes demasiado tiempo para pensar
La rutina diaria mantiene la mente ocupada. Cuando desaparecen las obligaciones, es frecuente que aparezcan preocupaciones relacionadas con la pareja, el trabajo, la familia, la salud o el futuro.
No es que tengas más problemas en verano; simplemente ahora tienes más espacio mental para darte cuenta de ellos.
3. Crees que ¨deberías estar disfrutando¨
Las redes sociales muestran vacaciones perfectas, playas paradisíacas y personas aparentemente felices todo el tiempo.
Esa comparación puede generar pensamientos como: ¨Todo el mundo disfruta menos yo¨ ¨Algo me pasa¨ ¨Estoy desperdiciando mis vacaciones¨
Estas expectativas aumentan todavía más la ansiedad.
4. Cambian tus rutinas
Dormir a otra hora, comer diferente, viajar, pasar más tiempo con la familia o dejar de hacer ejercicio puede alterar nuestro equilibrio emocional.
Nuestro cerebro agradece la flexibilidad, pero también necesita cierta estabilidad.
5. Pasas más tiempo con personas con las que existen conflictos
Las vacaciones significan convivencia. Y cuando convivimos durante muchas horas con la pareja o la familia pueden aparecer tensiones que durante el resto del año apenas se notaban. No significa necesariamente que la relación vaya mal, sino que ahora existe más tiempo de interacción.
6. Aparece el miedo a volver
Aunque aún queden días de descanso, muchas personas comienzan a pensar continuamente en septiembre: ¨;¿Y cuando vuelva al trabajo?¨ ¨Otra vez la misma rutina¨ ¨No me ha dado tiempo a descansar¨ La mente se adelanta constantemente al futuro.
7. El descanso también requiere aprendizaje
Muchas personas saben trabajar, resolver problemas y cuidar de los demás. Pero pocas saben descansar.
Si llevas años viviendo deprisa, detenerte puede resultar incómodo. Descansar no es perder el tiempo; es una necesidad psicológica.
¿Qué puedes hacer para reducir la ansiedad en vacaciones?
En primer lugar, es importante aceptar que no necesitas sentirte feliz todo el tiempo. Las vacaciones no hacen desaparecer automáticamente las preocupaciones, el estrés o las emociones difíciles. Permitirte sentir lo que experimentas, sin juzgarte por ello ni pensar que ¨deberías estar disfrutando¨, suele reducir la intensidad de la ansiedad y favorece una relación más amable con tus propias emociones.
También resulta recomendable mantener algunas rutinas básicas. No se trata de seguir un horario estricto, sino de conservar ciertos hábitos que aportan estabilidad y bienestar. Dormir unas horas similares cada día, realizar alguna caminata, comer de forma relativamente regular o reservar momentos sin utilizar el teléfono móvil son pequeñas acciones que ayudan a mantener el equilibrio físico y emocional.

Otro aspecto fundamental es reducir la comparación con los demás, especialmente a través de las redes sociales. Lo que vemos en estas plataformas suele ser una selección de los mejores momentos
de otras personas, no una representación completa de su realidad. Comparar nuestra experiencia con esas imágenes idealizadas puede aumentar la sensación de que deberíamos sentirnos mejor o estar disfrutando más, cuando en realidad cada persona vive las vacaciones de una manera diferente.
Asimismo, practicar la atención al presente puede ser de gran ayuda cuando aparecen pensamientos de preocupación. Si notas que tu mente comienza a anticipar problemas o escenarios futuros, puedes detenerte un momento y preguntarte: «¿Qué está ocurriendo exactamente ahora mismo?». Este sencillo ejercicio favorece que la atención vuelva al momento presente y ayuda a interrumpir el ciclo de preocupación característico de la ansiedad.
Por último, hablar de cómo te sientes también puede aliviar el malestar. Muchas personas ocultan su ansiedad durante las vacaciones porque consideran que resulta incoherente sentirse mal en un periodo destinado al descanso. Sin embargo, expresar las emociones a alguien de confianza suele disminuir la carga emocional, favorece la sensación de apoyo y permite afrontar la situación con mayor serenidad.
En definitiva, reducir la ansiedad durante las vacaciones no significa eliminar por completo el malestar, sino aprender a relacionarse con él de una forma más flexible y compasiva. Aceptar las emociones, mantener hábitos saludables, evitar comparaciones, centrar la atención en el presente y compartir lo que sentimos son estrategias sencillas que pueden contribuir a disfrutar de este periodo con mayor bienestar.
¿Cuándo conviene pedir ayuda psicológica?
Es recomendable consultar con un profesional si:
- La ansiedad aparece la mayor parte de los días.
- Interfiere con el descanso o el disfrute.
- Tienes ataques de pánico.
- El insomnio es persistente.
- Evitas actividades por miedo.
- La preocupación es constante incluso después de las vacaciones.

Recuerda que pedir ayuda no significa que seas débil. Significa que estás dando importancia a tu bienestar emocional.
Un último mensaje
Las vacaciones no tienen que ser perfectas. No necesitas aprovechar cada minuto, estar feliz constantemente ni volver siendo una persona completamente renovada. Descansar también implica aprender a bajar el ritmo, escuchar nuestras emociones y tratarnos con la misma comprensión que ofrecemos a los demás.
Si este verano sientes que la ansiedad está ocupando demasiado espacio en tu vida, recuerda que no tienes por qué afrontarla en soledad. Con apoyo psicológico es posible comprender qué está ocurriendo, aprender nuevas herramientas y recuperar una relación más tranquila contigo mismo y con tu día a día.
Si te has sentido identificado o identificada con lo que has leído, en nuestro gabinete de psicología podemos ayudarte. Trabajaremos contigo para comprender el origen de tu ansiedad y ofrecerte herramientas adaptadas a tus necesidades, con un acompañamiento cercano y basado en la evidencia científica. Si deseas más información o quieres solicitar una primera cita, puedes ponerte en contacto con nosotras a través de nuestra página de contacto: https://psilexpsicologia.es/el-centro/
