VIVIR EN UNA ZONA DE TERREMOTOS: CÓMO AFRONTAR EL MIEDO
Vivir en una zona donde pueden producirse terremotos significa convivir con una amenaza que, aunque no esté presente todos los días, puede aparecer de forma inesperada. Para algunas personas, esa posibilidad genera preocupación, hipervigilancia, dificultades para dormir o incluso miedo intenso.
El objetivo no es aprender a “no tener miedo”. El miedo es una respuesta natural y útil ante una situación potencialmente peligrosa. La clave está en conseguir que ese miedo nos prepare en lugar de paralizarnos.

¿POR QUÉ UN TERREMOTO PUEDE DARNOS MIEDO INCLUSO CUANDO NO ESTÁ OCURRIENDO NADA?
Nuestro cerebro busca constantemente amenazas para mantenernos a salvo. Y los terremotos tienen una característica especialmente difícil para nuestra mente: son impredecibles. Esa falta de control puede hacer que nuestro cerebro permanezca en alerta.
Después de experimentar un terremoto, nuestro sistema nervioso puede quedar sensibilizado. Por eso, algunas personas empiezan a interpretar cualquier pequeño ruido, vibración o movimiento como una señal de peligro.
Podemos estar pendientes de pequeños movimientos, sentirnos inseguros en casa, despertarnos durante la noche o sobresaltarnos con cualquier ruido. Es una respuesta comprensible después de una experiencia que nuestro cerebro ha registrado como peligrosa.
En lugar de luchar contra esas sensaciones, podemos reconocerlas:
“Mi cuerpo está en alerta porque ha vivido algo amenazante.”

Y después preguntarnos:
“¿Existe un peligro ahora mismo o mi sistema de alarma sigue activado?”
PREPARARTE PARA UN TERREMOTO PUEDE AYUDARTE A SENTIRTE MÁS SEGURO/A. VIVIR PENSANDO CONSTANTEMENTE EN ÉL PUEDE HACER JUSTO LO CONTRARIO.
El problema aparece cuando la alerta se mantiene incluso cuando estamos seguros/as.
Prepararse no significa vivir en alerta permanente. Prepararse significa tener un plan, conocer las medidas de seguridad y saber qué hacer si ocurre un terremoto. La preparación tiene un principio y un final.
Conocer cómo actuar ante terremotos puede ayudarnos a recuperar cierta sensación de control y seguridad.
La ansiedad, en cambio, puede llevarnos a comprobar continuamente objetos, escuchar cualquier ruido, buscar información de manera compulsiva o imaginar una y otra vez el peor escenario. La ansiedad siente que nunca es suficiente.
Por eso, una buena estrategia es dedicar un momento concreto a prepararnos y, una vez hecho lo necesario, permitirnos volver a nuestra vida cotidiana sin pensar constantemente en los terremotos.
¿QUÉ PUEDES HACER SI NOTAS QUE EMPIEZA EL MIEDO A UN TERREMOTO?
- Primero, detente y observa tu cuerpo.
- Nota cómo respiras, dónde tienes tensión y qué pensamientos están apareciendo.
- Después, respira lentamente y lleva tu atención al entorno.
- Puedes decirte:
- “Ahora mismo estoy aquí.”
- “En este momento estoy a salvo.”
- “Puedo sentir miedo y seguir actuando.”
- No intentes convencerte de que nunca ocurrirá un terremoto. Esa certeza no existe.
- Lo que sí puedes recordar es que no necesitas anticipar constantemente una emergencia que no está sucediendo ahora.
SI UN/A NIÑO/A VIVE EN UNA ZONA SÍSMICA, NO BASTA CON DECIRLE: “NO TENGAS MIEDO”
Los/as niños/as necesitan información adaptada a su edad, pero también necesitan sentir que los/as adultos/as saben qué hacer.
Podemos explicarles de forma sencilla qué es un terremoto, practicar el plan familiar y convertir la preparación en algo conocido.
Y, sobre todo, debemos permitirles expresar sus emociones.
“¿Te ha asustado?”
“¿Qué es lo que más miedo te da?”
“¿Qué podemos hacer juntos para estar preparados?”
Un/a niño/a no necesita que le prometamos que nunca ocurrirá nada malo. Necesita saber que no está solo/a y que los/as adultos/as tienen un plan.

CONCLUSIÓN
“No podemos controlar cuándo temblará la tierra, pero sí podemos aprender a relacionarnos de otra manera con el miedo que aparece cuando pensamos en ello.”
Hay una diferencia entre tener miedo a los terremotos y vivir condicionado por ellos.
Si el miedo hace que evites dormir, salir de casa, estar en determinados lugares, utilizar ciertas habitaciones o realizar actividades cotidianas, puede ser una señal de que la ansiedad está ocupando demasiado espacio.
También conviene prestar atención si aparecen ataques de pánico, problemas persistentes de sueño, pensamientos intrusivos o una vigilancia constante del entorno.
En esos casos, pedir ayuda psicológica no significa exagerar, sino cuidar nuestra salud mental.
Desde el Centro de Psicología Psilex estaremos encantadas de ofrecerte el apoyo que necesites. No dudes en contactarnos si sientes que el miedo o la ansiedad están interfiriendo en tu día a día; estaremos encantad@s de ayudarte.
